27 junio 2013

Por primera vez en su historia, las Naciones Unidas cuentan con las empresas y la sociedad civil como asociados vitales para promover sus objetivos internacionales en materia de paz y desarrollo. En un mundo tan interdependiente y globalizado como el actual, las empresas y las Naciones Unidas comparten metas comunes. A pesar de perseguir fines bastante diferentes (las Naciones Unidas trabajan para alcanzar la paz, luchar contra la pobreza y proteger los derechos humanos, mientras que las empresas se han centrado hist¨®ricamente en las ganancias y el crecimiento), es evidente que hay metas de las Naciones Unidas y de las empresas que se superponen , por ejemplo, crear mercados, garantizar el buen gobierno, combatir la corrupci¨®n, proteger el medio ambiente, mejorar la salud mundial y garantizar la inclusi¨®n social.
El compromiso de las Naciones Unidas con las empresas no se limita ¨²nicamente a la pol¨ªtica y la burocracia, sino que se manifiesta en innumerables operaciones diarias y proyectos que se llevan a cabo en todo el mundo. Gracias a esta colaboraci¨®n las Naciones Unidas est¨¢n demostrando a las sociedades transnacionales que los valores universales pueden traducirse en valor comercial, lo cual atrae a socios poderosos en la consecuci¨®n de las metas de la Organizaci¨®n. Y tal vez tenga la misma importancia el hecho de que, con estas nuevas alianzas el sistema de las Naciones Unidas se someta a los principios de la gesti¨®n de las empresas m¨¢s din¨¢micas del mundo.
Estos esfuerzos se centran en el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, la mayor iniciativa voluntaria de responsabilidad c¨ªvica empresarial del mundo, cuya misi¨®n es garantizar que las empresas, asociadas a otros agentes sociales, como gobiernos, organizaciones sindicales, organizaciones no gubernamentales e instituciones acad¨¦micas, desempe?en una funci¨®n esencial a la hora de hacer realidad la visi¨®n de la Organizaci¨®n de una econom¨ªa mundial m¨¢s sostenible y equitativa. Sus participantes se comprometen voluntariamente a promover diez principios universales sobre derechos humanos, normas de trabajo, protecci¨®n del medio ambiente y lucha contra la corrupci¨®n, extra¨ªdos de los principales tratados de las Naciones Unidas (v¨¦ase la p¨¢gina 29). Y para dar un significado concreto a este enfoque de cambio, cabe esperar que las empresas apliquen estos principios en sus operaciones diarias y emprendan proyectos que promuevan metas sociales m¨¢s amplias.
El Pacto Mundial, que inici¨® formalmente su andadura en el a?o 2000, est¨¢ alcanzando una masa cr¨ªtica. Son parte del mismo m¨¢s de 3.000 empresas de unos 100 pa¨ªses, inclusive 108 de la lista "Global 500" elaborada por The Financial Times. S¨®lo estas 108 empresas dan empleo a cerca de 10 millones de trabajadores, con una capitalizaci¨®n burs¨¢til de 5 billones de d¨®lares aproximadamente y unos beneficios en torno a 3,5 billones de d¨®lares en 2005. A estas empresas participantes se unen m¨¢s de 800 organizaciones de la sociedad civil, grupos sindicales, ayuntamientos, fundaciones e instituciones acad¨¦micas. En m¨¢s de 50 pa¨ªses han aflorado redes nacionales, que ofrecen un espacio para que los participantes se involucren de forma directa.
Los efectos del Pacto Mundial van m¨¢s all¨¢ de las cifras. Al ofrecer una verdadera plataforma internacional donde los participantes y las partes interesadas pueden compartir sus pr¨¢cticas y sus retos, ha contribuido significativamente al logro de un consenso mundial sobre el valor de la responsabilidad empresarial tanto para la sociedad como para las propias empresas. Es una idea cada vez m¨¢s generalizada que las pr¨¢cticas comerciales responsables pueden conducir a la inclusi¨®n social y econ¨®mica, lo que, a su vez, promueve la cooperaci¨®n internacional, la paz y el desarrollo. La comunidad empresarial est¨¢ viendo directamente el valor de los valores. Al tiempo que aumenta el n¨²mero de empresas que se comprometen con las pr¨¢cticas responsables, se ampl¨ªan los argumentos econ¨®micos en pro de la responsabilidad c¨ªvica empresarial. S¨®lo en el pasado a?o, protagonistas de la comunidad de inversores, como algunos fondos de pensiones con m¨¢s de 5 billones de d¨®lares en activos gestionados o mantenidos, han reclamado un enfoque empresarial basado en valores y han tomado medidas para adoptar este planteamiento en sus decisiones de inversi¨®n.
No obstante, y a pesar de estos logros, siguen plante¨¢ndose grandes retos. Hay m¨¢s de 70.000 empresas transnacionales que no participan en la iniciativa de las Naciones Unidas. Las empresas estadounidenses, que representan menos del cuatro por ciento de los miembros actuales del Pacto Mundial, se han mostrado especialmente reacias a suscribirlo. La pregunta clave es si el Pacto puede ampliarse hasta el punto de que una gran parte de la econom¨ªa mundial se comprometa con los diez principios y con ello se garantice que su definici¨®n de responsabilidad c¨ªvica empresarial, es decir, la combinaci¨®n que resulta de aplicar principios universales a las pr¨¢cticas empresariales y de colaborar en proyectos de colaboraci¨®n para lograr metas sociales amplias, se convierta en una norma mundial. Tal vez sea m¨¢s f¨¢cil aplicar a la responsabilidad empresarial enfoques menos rigurosos, destinados a producir meros efectos declarativos, pero resultan menos eficaces a la hora de afrontar los retos comunes a que se enfrentan las empresas y la sociedad del siglo XXI.
El Pacto Mundial representa un gran paso adelante para las Naciones Unidas. Hace diez a?os, las relaciones entre la Organizaci¨®n y el sector privado estaban lastradas por la desconfianza. Aunque en un principio la Organizaci¨®n recibi¨® el apoyo de los l¨ªderes empresariales, que reconocieron la necesidad de contar con un s¨®lido sistema multilateral, la realidad de la guerra fr¨ªa oblig¨® a las Naciones Unidas a adoptar una postura neutral con respecto a la empresa privada. Durante las d¨¦cadas de 1970 y 1980, los gobiernos de los pa¨ªses en desarrollo intentaron aprobar tratados que restringieran las inversiones extranjeras directas y otros elementos del comercio global. Todo ello cambi¨® radicalmente en el transcurso de una d¨¦cada. Durante los a?os noventa, la comunidad internacional se dio cuenta de la importancia que ten¨ªan las empresas globales en el comercio mundial. Los grupos de la sociedad civil lideraron cada vez m¨¢s campa?as en pro de la protecci¨®n del medio ambiente, de los derechos humanos y de los trabajadores en las empresas transnacionales, as¨ª como de las instituciones financieras y comerciales internacionales. Las protestas masivas en Seattle, G¨¦nova, Ginebra, Canc¨²n y otras sedes de conferencias llevaron a la primera p¨¢gina de la agenda internacional el "debate sobre la globalizaci¨®n".
Un lugar central en esta lucha lo ocupan los ideales universales sobre los que se fundaron las Naciones Unidas: el progreso se alinea junto a la paz entre las motivaciones b¨¢sicas de la Organizaci¨®n. No obstante, mientras crec¨ªa la econom¨ªa mundial, a muchos les inquietaba que los trabajadores, el medio ambiente y los pobres quedaran relegados a un segundo plano. Aparentemente, el problema se deb¨ªa, en parte, al hecho de que la integraci¨®n econ¨®mica estaba desplazando la l¨ªnea fronteriza entre la responsabilidad y la capacidad tanto en el sector p¨²blico como privado. La pregunta era: "?C¨®mo pueden coordinarse los esfuerzos para salvaguardar los derechos y promover el desarrollo sostenible con una econom¨ªa mundial en continuo proceso de integraci¨®n?" Para muchos, la respuesta consist¨ªa en repetir los anteriores intentos de recortar el comercio mundial mediante una reglamentaci¨®n "de mando y control". Algunos activistas reclamaron la abolici¨®n de la Organizaci¨®n Mundial del Comercio y los acuerdos regionales de libre comercio; otros exigieron a dichas instituciones que incluyeran reglamentos que regularan las cuestiones medioambientales y sociales. El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas elabor¨® un c¨®digo de responsabilidades jur¨ªdicas para las empresas transnacionales. Como sucediera con los esfuerzos realizados en las d¨¦cadas de 1970 y 1980, ninguna de estas medidas recabaron apoyo suficiente para convertirse en leyes.
Sin embargo, la voluntad pol¨ªtica no es el ¨²nico problema. Incluso si existiera un mandato para regular las empresas transnacionales, no existe organizaci¨®n en el mundo (y, por supuesto, tampoco las Naciones Unidas) que posea la capacidad necesaria para supervisar y regular las empresas de todo el mundo. Incluso si los Estados acordaran realizar este control por su cuenta, muchos de ellos no destacan precisamente por cumplir los acuerdos mundiales sobre el medio ambiente o los derechos humanos y de los trabajadores. Para cubrir este "vac¨ªo de control" ha surgido una oleada de iniciativas y normas voluntarias que pretenden alinear las pr¨¢cticas empresariales mundiales con las metas sociales o medioambientales. Algunas son de car¨¢cter exclusivamente industrial, mientras que otras cuentan con el patrocinio de las organizaciones de la sociedad civil o de organismos intergubernamentales, como la Organizaci¨®n de Cooperaci¨®n y Desarrollo Econ¨®micos. En otras intervienen partes interesadas de diversos sectores. Algunas iniciativas, como las del sector maderero, textil o cafetero, pretenden que algunos productos lleven un certificado de garant¨ªa medioambiental o social. Otras, como la Iniciativa mundial de presentaci¨®n de informes, desarrollan medidas para que las empresas puedan controlar el impacto social y ambiental de sus actividades e informar sobre las mismas. Hay otras que simplemente intentan elaborar c¨®digos de conducta para incorporar las mejores pr¨¢cticas. Muchas de estas iniciativas se superponen y a veces compiten entre s¨ª. Por ejemplo, en la industria de la vestimenta de los Estados Unidos existe un c¨®digo de conducta respaldado por muchas empresas que intenta ganarse la confianza de sus miembros y de los consumidores con una iniciativa m¨¢s restrictiva que cuenta con el apoyo de algunos grupos de la sociedad civil.
Una red global de aprendizaje orientada a la acci¨®n
El Pacto Mundial desempe?a una funci¨®n especial en el dispar sector de las iniciativas voluntarias relacionadas con la responsabilidad social de las empresas. No hay ninguna iniciativa de mayor alcance en cuanto a los problemas que trata o a su ¨¢mbito geogr¨¢fico, ni ninguna que cuente con m¨¢s pa¨ªses participantes o tenga una autoridad moral parecida, ni tenga el respaldo de los 192 Estados Miembros de las Naciones Unidas.
El Pacto Mundial es tambi¨¦n diferente desde el punto de vista cualitativo: no se trata de un c¨®digo de conducta espec¨ªfico, ni de un sistema de certificaci¨®n, ni de un criterio informativo. Se trata de una llamada a las empresas para que se comprometan con los principios universales y adopten medidas tangibles para cumplirlos mediante las lecciones extra¨ªdas de otras empresas y de las partes interesadas de la sociedad civil. As¨ª pues, viene a complementar otras iniciativas voluntarias de responsabilidad social de las empresas. Muchos participantes en el Pacto opinan que proyectos como la Iniciativa mundial de presentaci¨®n de informes y los c¨®digos de conducta espec¨ªficos para cada sector son el mejor modo de cumplir las obligaciones que impone el Pacto. Estas empresas pueden conocer cu¨¢les son las pr¨¢cticas e iniciativas de responsabilidad social que emplean los otros participantes y qu¨¦ medidas deber¨ªan tomar seg¨²n los grupos que se ocupan de las cuestiones sociales y medioambientales. Este enfoque voluntario basado en el aprendizaje aprovecha las competencias esenciales de las Naciones Unidas (alcance universal, poder de convocatoria inigualable y autoridad moral), a la vez que soslaya su punto d¨¦bil, que es la inevitable lentitud inherente a una burocracia universal que ha de responder ante casi 200 jefes soberanos. El Pacto Mundial aprovecha la situaci¨®n de las Naciones Unidas como "la mesa m¨¢s grande y mejor puesta de la sala", capaz de atraer y dar cabida a una gran variedad de partes interesadas. No existe ning¨²n otro entorno que pueda ofrecer un clima de debate y aprendizaje tan abierto.
Para participar en el Pacto Mundial, el directivo de m¨¢s alto nivel en la empresa remite una carta de intenci¨®n al Secretario General de las Naciones Unidas, en la que manifiesta su compromiso con los diez principios. A continuaci¨®n, la empresa se incluye en el sitio web del Pacto Mundial y debe remitir cada a?o una Comunicaci¨®n de Progreso, en la que explique lo que ha hecho para integrar los diez principios en sus pr¨¢cticas empresariales y de qu¨¦ manera ha contribuido en general a los objetivos de desarrollo de las Naciones Unidas. Las empresas que no informan al Pacto sobre sus progresos se marcan como "inactivas" y con el tiempo pueden eliminarse de la iniciativa. En los "foros de aprendizaje" peri¨®dicos se re¨²nen los participantes para averiguar qu¨¦ medidas concretas est¨¢n adoptando los otros participantes sobre la base de los diez principios y para conocer los comentarios de las partes interesadas en los ¨¢mbitos social y medioambiental. Estas actividades se complementan con eventos locales patrocinados por redes nacionales o regionales de participantes en el Pacto.
Mediante la colaboraci¨®n estrecha de los interesados, el Pacto Mundial ha ido acumulando una importante cantidad de documentos de orientaci¨®n e instrumentos pr¨¢cticos para ayudar a los participantes a aplicar los principios de una manera m¨¢s eficaz. Al mismo tiempo, los esfuerzos de facilitaci¨®n de las Naciones Unidas se han centrado en buscar la forma de crear alianzas m¨¢s eficaces con el sector privado, y se ha formado, asimismo, al personal de las Naciones Unidas en todos los ¨¢mbitos de la Organizaci¨®n.
El valor de los valores
?Por qu¨¦ tantas empresas han decidido unirse al Pacto Mundial? Cabe suponer, en primer lugar, que los mercados recompensar¨¢n cada vez en mayor medida los buenos resultados en las esferas promovidas por el Pacto. Es decir, las empresas que adopten mejores medidas en las esferas medioambiental, social y de la gobernanza mejorar¨¢n su cuenta de resultados. Las empresas han obtenido muchas ventajas gracias a sus pr¨¢cticas responsables y han logrado, por ejemplo, atraer y retener al personal m¨¢s cualificado, ahorrar costes, mejorar la productividad, crear marcas y aumentar la confianza y la buena reputaci¨®n ante las partes interesadas. Adem¨¢s pueden obtenerse ganancias significativas si los consumidores e inversores exigen que los productos y las inversiones cumplan criterios sociales y medioambientales. Este principio ya se est¨¢ demostrando, puesto que la comunidad de inversores relaciona cada vez m¨¢s los resultados de las empresas en los ¨¢mbitos medioambiental, social y de gobernanza con la valoraci¨®n de ¨¦stas a largo plazo. Con el paso del tiempo, la inversi¨®n de las empresas en mejoras sociales y medioambientales favorecer¨¢ la estabilidad y solidez de los mercados, que se ver¨¢n afectados en menor medida por los riesgos y los factores externos.
Otro factor esencial en la adopci¨®n del Pacto Mundial es la naturaleza cada vez m¨¢s globalizada de las empresas. Para aquellas que tienen su sede o que operan en pa¨ªses en desarrollo, a menudo es vital tener en cuenta el contexto social. Las empresas no crecen si la sociedad falla; por tanto, el contexto social se convierte en un elemento decisivo para la misi¨®n y la estrategia de la empresa, que requiere enfoques innovadores que sirvan tanto a los intereses sociales como empresariales. En el Pacto se ha observado que las empresas que operan en condiciones dif¨ªciles tienen un inter¨¦s especial en los temas vinculados a la iniciativa: su filosof¨ªa de la responsabilidad y el compromiso de la comunidad puede tener un significado especial para estas empresas. No es casualidad que m¨¢s de la mitad de las 3.000 empresas que participan en el Pacto tengan su sede en los pa¨ªses en desarrollo. Con estos convincentes argumentos no resulta sorprendente que el concepto de responsabilidad social se haya integrado en el mundo empresarial. Las empresas reconocen que, en teor¨ªa, mejorando los resultados en el ¨¢mbito medioambiental y social se reducen los riesgos y se facilita la gesti¨®n de la marca y, por tanto, este enfoque deber¨ªa constituir una parte esencial de todo modelo empresarial de ¨¦xito. Sin embargo, muchas todav¨ªa tienen dificultades para encontrar estrategias de responsabilidad social tangibles y eficaces. Este problema se manifiesta especialmente en las empresas expuestas a riesgos en diversos mercados mundiales.
El Pacto Mundial constituye un paso firme hacia adelante en el debate sobre la globalizaci¨®n y es parte de una tendencia creciente de b¨²squeda de nuevos instrumentos pol¨ªticos que est¨¦n a la altura de los retos del siglo XXI en materia de gobernanza. No obstante, persisten viejas sospechas. Por una parte, a algunas empresas les preocupa que la iniciativa sea un intento de regulaci¨®n global; por otro lado, algunos grupos de la sociedad civil e instituciones acad¨¦micas consideran que es un instrumento que permitir¨¢ a las empresas ampararse en la legitimidad de las Naciones Unidas para continuar con sus pr¨¢cticas inmorales. Muchos de estos temores surgen de una confusi¨®n sobre la naturaleza y los objetivos del Pacto Mundial. La iniciativa no es y no espera ser un c¨®digo de conducta vinculante desde el punto de vista jur¨ªdico. Algunas empresas, especialmente las que operan en el mercado norteamericano, tan proclive a los litigios, temen las repercusiones jur¨ªdicas que podr¨ªa tener el mero hecho de firmar una carta de intenci¨®n de cumplir los diez principios. Para responder a estas inquietudes, el Pacto Mundial ha colaborado con la American Bar Association para elaborar una carta de compromiso "a prueba de demandas". Por fortuna, en los cinco a?os que lleva ayudando a las empresas a mejorar sus resultados en los ¨¢mbitos medioambiental y social (sin obligarles a asumir normas que les hagan sentirse inc¨®modas) se han ido mitigando estos temores.
El Pacto Mundial no ha sido un amplio "lavado de cara" como tem¨ªan algunas organizaciones no gubernamentales. No se trata de un sistema de certificaci¨®n ni de un sello de aprobaci¨®n, sino simplemente de un compromiso de aprendizaje y participaci¨®n. El logotipo de las Naciones Unidas no protege a las empresas de las cr¨ªticas, sino que obliga a ¨¦stas a esforzarse para mantener un nivel m¨¢s alto y, por tanto, constituye una invitaci¨®n a ejercer una mayor vigilancia sobre las mismas. Al contrario, es probable que aquellas que participen y no progresen est¨¦n m¨¢s expuestas a las cr¨ªticas. Como las empresas deben informar anualmente de sus avances en la aplicaci¨®n de los principios, aquellas que intenten "beneficiarse gratuitamente" se pondr¨¢n en evidencia. En octubre de 2006, el Pacto Mundial decidi¨® eliminar de la lista a 335 empresas que hab¨ªan incumplido dos plazos consecutivos a la hora de informar de sus progresos, medida que indica que se toma en serio la calidad y el compromiso de los participantes. Adem¨¢s, la Junta del Pacto Mundial tiene competencia para inspeccionar a las empresas acusadas de vulneraci¨®n flagrante de los principios y, en casos extremos, apartarlas de la iniciativa. En suma, mientras que el Pacto ofrece a las empresas l¨ªderes en responsabilidad social la posibilidad de mostrar sus logros y a otras les brinda la oportunidad de aprender de los ejemplos positivos, no tiene nada que ofrecer a las que se quedan rezagadas.
Las empresas se est¨¢n dando cuenta de que el Pacto Mundial representa un avance concreto en el debate sobre la globalizaci¨®n. Las controversias subyacentes siguen siendo las mismas (c¨®mo proteger el medio ambiente y los derechos sociales en una econom¨ªa global en continuo proceso de integraci¨®n), pero ahora tienen la oportunidad de actuar con un enfoque constructivo bajo los auspicios de las Naciones Unidas. Eso no significa que las protestas y las campa?as no contin¨²en siendo importantes para la protecci¨®n del medio ambiente y los derechos humanos, sino que ahora los grupos de la sociedad civil y las empresas disponen de un foro alternativo en el que pueden avanzar realmente con vistas a solucionar sus controversias sobre estos temas.
Facilitando a las Naciones Unidas acceso a m¨¦todos diferentes y m¨¢s eficaces para organizar sus actuaciones, estas alianzas desempe?an una funci¨®n catalizadora en la innovaci¨®n institucional en todo el sistema de las Naciones Unidas. Las empresas no son las ¨²nicas que est¨¢n aprendiendo con el Pacto Mundial. La propia Organizaci¨®n, a menudo criticada por su excesiva burocracia y escasa vitalidad, se est¨¢n beneficiando de su compromiso con organizaciones globales bien gestionadas, tanto empresas como organizaciones sin ¨¢nimo de lucro. El Pacto Mundial lidera los esfuerzos de las Naciones Unidas para aliarse con agentes no gubernamentales y estas alianzas han proliferado en todo el sistema de la Organizaci¨®n. Por ejemplo, los fabricantes de vitaminas colaboran con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para mejorar la alimentaci¨®n en los pa¨ªses en desarrollo, los fabricantes de jab¨®n se han aliado con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Ä¢¹½ÊÓÆµICEF) para promover el saneamiento, la empresa de log¨ªstica TNT ayuda al Programa Mundial de Alimentos (PMA) a distribuir puntualmente alimentos durante las crisis humanitarias, y la empresa de telecomunicaciones Ericsson se encarga de que los primeros enviados de las Naciones Unidas a las zonas afectadas por los desastres puedan mantenerse en contacto. El Pacto Mundial ha liderado los esfuerzos de Naciones Unidas para mejorar su capacidad de utilizar dichas alianzas extrayendo conclusiones, desarrollando normas y formando a su personal.
Las Naciones Unidas tambi¨¦n deben predicar con el ejemplo y, por ello, se han comprometido a aplicar los diez principios a sus pr¨¢cticas en materia de adquisiciones, de administraci¨®n de los recursos humanos y de gesti¨®n de las instalaciones. En 2006, la Caja Com¨²n de Pensiones del Personal de las Naciones Unidas fue uno de los primeros en comprometerse a aplicar los Principios de inversi¨®n responsable. El Pacto Mundial representa una reforma de la Organizaci¨®n en dos sentidos, ya que no es s¨®lo un instrumento innovador para facilitar la participaci¨®n de nuevos aliados y nuevos m¨¦todos en las metas de las Naciones Unidas, sino que tambi¨¦n desempe?a una funci¨®n catalizadora del cambio en muchas de las actividades diarias de la Organizaci¨®n.
Hasta ahora la experiencia de la iniciativa ha desafiado a las cr¨ªticas, que la consideraban una regulaci¨®n global fantasiosa o una c¨ªnica traici¨®n a los beneficios econ¨®micos. De hecho, demuestra que las Naciones Unidas se est¨¢n adaptando al cambio impuesto por la globalizaci¨®n. Est¨¢n aprendiendo a integrar sus principios en el poderoso y trascendental mundo de la empresa global, mientras que, a su vez, las empresas est¨¢n descubriendo que estos valores p¨²blicos pueden incrementar su propio valor. El reto que ahora se plantea es expandir el alcance y la calidad del Pacto Mundial. En primer lugar, debe ser mayor el n¨²mero de empresas que reconozcan las ventajas de pertenecer al mismo y, en concreto, las estadounidenses deber¨ªan comprometerse m¨¢s. En segundo lugar, el Pacto debe mejorar su capacidad para facilitar el aprendizaje. Se necesitan nuevas formas de poner en contacto a las empresas que buscan informaci¨®n con aquellas que quieren compartir sus conocimientos. Deben desarrollarse mejores pr¨¢cticas que permitan divulgar de manera general las importantes conclusiones que pueden extraerse de la experiencia de los l¨ªderes del mercado y que, a la vez, ofrezcan informaci¨®n contextual suficiente para aplicarla a situaciones locales concretas. La comunidad acad¨¦mica puede desempe?ar una funci¨®n importante a la hora de analizar y perfeccionar con objetividad el amplio conjunto de experiencias que recoge el Pacto Mundial.
Por ¨²ltimo, las capacidades del Pacto Mundial para ampliar su alcance y aumentar los beneficios para los participantes est¨¢n interrelacionadas. Conforme se vayan incorporando m¨¢s empresas, las pr¨¢cticas colectivas ser¨¢n m¨¢s ricas, diversas y dignas de confianza. Igualmente, al tiempo que aumenta la utilidad de las lecciones extra¨ªdas del Pacto, las empresas ver¨¢n que no pueden permitirse ignorar los conocimientos m¨¢s avanzados en materia de responsabilidad social. Las empresas mundiales con visi¨®n de futuro han reconocido la sigilosa transformaci¨®n que se est¨¢ produciendo en el seno de las Naciones Unidas y se han unido a este movimiento para mejorar sus modelos econ¨®micos y gestionar los riesgos.
RECUADRO Los principios del Pacto Mundial
Los diez principios del Pacto Mundial en las esferas de los derechos humanos, el trabajo, el medio ambiente y la lucha contra la corrupci¨®n se derivan de:
? La Declaraci¨®n Universal de Derechos Humanos
? La Declaraci¨®n de la Organizaci¨®n Internacional del Trabajo relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo
? La Declaraci¨®n de R¨ªo sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
? La Convenci¨®n de las Naciones Unidas contra la corrupci¨®n El Pacto Mundial insta a las empresas a que se comprometan, apoyen y apliquen en su ¨¢mbito de influencia una serie de principios b¨¢sicos en las esferas de los derechos humanos, las normas de trabajo, el medio ambiente y la lucha contra la corrupci¨®n: Derechos humanos
? Principio 1: las empresas deben apoyar y respetar la protecci¨®n de los derechos humanos proclamados en el ¨¢mbito internacional; y
? Principio 2: deben evitar ser c¨®mplices de abusos de los derechos humanos. Normas de trabajo
? Principio 3: las empresas deben defender la libertad sindical y el reconocimiento efectivo del derecho a negociar convenios colectivos;
? Principio 4: la eliminaci¨®n de cualquier forma de trabajo forzoso u obligatorio;
? Principio 5: la abolici¨®n efectiva del trabajo infantil; y
? Principio 6: la eliminaci¨®n de toda discriminaci¨®n en el empleo y las profesiones. Medio ambiente
? Principio 7: las empresas deben apoyar un enfoque precautorio ante los desaf¨ªos medioambientales;
? Principio 8: adoptar iniciativas para promover una mayor responsabilidad medioambiental; y
? Principio 9: fomentar el desarrollo y la difusi¨®n de tecnolog¨ªas que no sean nocivas para el medio ambiente. Lucha contra la corrupci¨®n
? Principio 10: las empresas deben luchar contra todas las formas de corrupci¨®n, inclusive la extorsi¨®n y el soborno.
* En el a?o 2007, la Cumbre de Dirigentes del Pacto Mundial, que se celebra cada tres a?os, reunir¨¢ a 1.000 representantes del sector empresarial, los gobiernos, la sociedad civil y los trabajadores, entre los que cabe destacar 700 jefes ejecutivos, varios Jefes de Estado o de Gobierno y m¨¢s de 40 ministros. Presidido por el Secretario General Ban Ki-moon, este evento ser¨¢ la mayor reuni¨®n de l¨ªderes de empresa organizada por las Naciones Unidas.
FOTO/PACTO MÄ¢¹½ÊÓÆµDIAL

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La Cr¨®nica?ONU??no?constituye un registro oficial. Tiene el privilegio de acoger a los altos funcionarios de las Naciones Unidas, as¨ª como a distinguidos colaboradores de fuera del sistema de las Naciones Unidas cuyas opiniones no son necesariamente las de las Naciones Unidas. Del mismo modo, las fronteras y los nombres que se muestran y las designaciones utilizadas en los mapas o en los art¨ªculos no implican necesariamente un apoyo o una aceptaci¨®n por parte de las Naciones Unidas.?