1 septiembre 2007

Al final de mis nueve a?os como Directora del Observatorio Europeo de los Fen¨®menos Racistas y Xen¨®fobos ¡ªque ha pasado a denominarse ¡°Agencia de los Derechos Fundamentales de la Uni¨®n Europea¡±¡ª, desear¨ªa hacerles part¨ªcipes de mi experiencia en la lucha contra la discriminaci¨®n racial. Me centrar¨¦ en ocho ¨¢mbitos de necesidades y oportunidades que siguen, en gran medida, sin examinarse y que, seg¨²n creo, deben tratarse de manera m¨¢s exhaustiva en los debates pol¨ªticos y p¨²blicos. Estoy profundamente convencida de que, juntos, podemos hallar soluciones que miren hacia el futuro y que permitan a nuestras sociedades afrontarlo mejor.

Hemos de cambiar de mentalidad y pasar de un clima de miedo a otro de esperanza. Alrededor de 80 millones de personas pertenecientes a minor¨ªas ¨¦tnicas, culturales o religiosas viven en la Uni¨®n Europea (UE) actualmente; representan alrededor del 16% de su poblaci¨®n y su n¨²mero aumenta. En los a?os venideros, la evoluci¨®n econ¨®mica y demogr¨¢fica suscitar¨¢ una demanda a¨²n mayor de inmigraci¨®n. La Comisi¨®n Europea calcula que, en 2030, la poblaci¨®n activa de la UE habr¨¢ disminuido considerablemente y se habr¨¢ situado en los 20 millones de personas. En muchas ciudades, entre el 30% y el 40% de los ni?os son descendientes de inmigrantes; en otras, ese porcentaje es m¨¢s elevado y oscila entre el 60% y el 70%. El futuro de nuestra sociedad est¨¢ en sus manos, y ellos necesitan un futuro al que aspirar. En los estudios realizados se ha comprobado que las sociedades que triunfan son las que poseen estas tres cualidades que empiezan por la letra ¡°t¡±: talento, tecnolog¨ªa y tolerancia. Hemos de darnos cuenta de que los pa¨ªses que poseen una actitud clara y favorable con respecto a la inmigraci¨®n tienen m¨¢s probabilidades de aprovechar su potencial.

Hemos de hacer m¨¢s hincapi¨¦ en los elementos positivos de la inmigraci¨®n y clarificar las ventajas que entra?an, para lo cual se requieren nuevas maneras de pensar, sobre todo por parte de los pol¨ªticos y los medios de difusi¨®n. Los pol¨ªticos tienen que adoptar una postura clara con respecto al asunto de la inmigraci¨®n y se?alar las oportunidades que presenta, sin ocultar sus posibles problemas. Hay que resaltar el valor de la inmigraci¨®n en los manifiestos y resoluciones pol¨ªticos, los planes de acci¨®n y los programas de los partidos. Los cient¨ªficos deber¨ªan elaborar y analizar argumentos favorables a la inmigraci¨®n y plantearlos en debate p¨²blico.

Hemos de mejorar nuestra capacidad de afrontar nuestras emociones, proyecciones y prejuicios, sobre todo el miedo, la envidia y el odio. Los miedos y los prejuicios repercuten profundamente en la convivencia entre los inmigrantes, las minor¨ªas y la poblaci¨®n local. Seg¨²n una encuesta Eurobar¨®metro, el 80% de los europeos no han tenido experiencias negativas con las minor¨ªas en su vida cotidiana. No obstante, m¨¢s de la mitad abrigan fuertes reservas con respecto a una sociedad pluricultural. Con frecuencia, los prejuicios son m¨¢s agudos en las zonas con menor proporci¨®n de minor¨ªas. En Alemania, por ejemplo, Berl¨ªn-Brandenburgo posee una proporci¨®n de poblaci¨®n inmigrante del 2%, pero los prejuicios son m¨¢s acusados que en Frankfurt, donde esa proporci¨®n es del 26%. Lo que ello demuestra no es que un grado m¨¢s elevado de inmigraci¨®n mitigue los prejuicios, sino que las ideas que las personas se hacen de la realidad son m¨¢s poderosas que la propia realidad.

Pese a ser testigos de la realidad de la sociedad pluricultural que nos circunda ¡ªen los trenes, las escuelas, los restaurantes¡ª, hay personas que llevan negando dicha realidad durante decenios, mostrando, con ello, lo profundamente que tenemos arraigado el ¡°miedo al otro¡±. En consecuencia, el asunto de ese miedo omnipresente hacia los extranjeros apenas si ha tenido influencia en los debates sociales y en la formulaci¨®n de pol¨ªticas con respecto a las minor¨ªas o en las relaciones p¨²blicas con ellas. Las cuestiones del ¡°afrontamiento de las emociones¡± y de la ¡°otredad¡± deben incorporarse en el trazado de estrategias, programas de acci¨®n e iniciativas, as¨ª como en las relaciones p¨²blicas y los medios de difusi¨®n. Por ejemplo, deber¨ªan incluirse unos programas de ¡°cultivo de la capacidad de afrontar las propias emociones¡± en la formaci¨®n escolar, as¨ª como en la formaci¨®n de los profesores y los periodistas. Deber¨ªa prestarse m¨¢s consideraci¨®n a las ideas ¡ªen cuanto divergentes de los puros hechos¡ª que se hacen las personas tanto en los an¨¢lisis del complejo fen¨®meno de la inmigraci¨®n como en la definici¨®n de f¨®rmulas para tratarlo.

Hemos de encontrar nuevas f¨®rmulas de colaboraci¨®n entre los diversos segmentos de la sociedad perteneciente a todos los grupos ocupacionales, con la cooperaci¨®n de los medios de difusi¨®n. Los asuntos de la inmigraci¨®n y la cohesi¨®n social afectan a casi todas las facetas de la vida ¡ªla cultura y la educaci¨®n, la econom¨ªa, el mercado laboral, por citar s¨®lo unas pocas¡ª y permean todos los ¨¢mbitos pol¨ªticos. Necesitamos unas f¨®rmulas sostenibles de cooperaci¨®n para aplicar unas soluciones hol¨ªsticas. Las cumbres, las comisiones y los consejos nacionales y locales que se ocupan de la integraci¨®n no ganar¨¢n aceptaci¨®n si no se da cabida, en ellos, a los propios inmigrantes. Deber¨ªan estar representados, en ellos, las minor¨ªas ¨¦tnicas, religiosas y culturales, los grupos de inmigrantes, los sindicatos, las asociaciones patronales, las organizaciones no gubernamentales (ONG), las comunidades religiosas, los partidos pol¨ªticos y los medios de difusi¨®n, lo que posibilitar¨ªa llegar a acuerdos conjuntos e idear soluciones. La cooperaci¨®n con los medios de difusi¨®n posee particular importancia. Pocos sectores tienen tanto poder para influenciar nuestros sentimientos. Pocas profesiones emplean im¨¢genes y m¨²sica para excitar, de manera tan efectiva, nuestras emociones.

Necesitamos estructuras sostenibles para idear nuevas f¨®rmulas de cooperaci¨®n y transferir conocimientos de manera constante. Por ejemplo, deber¨ªamos organizar reuniones anuales de ¨¢mbito europeo en las que los pol¨ªticos, los medios de difusi¨®n, los cient¨ªficos, las ONG, las minor¨ªas y los inmigrantes trabajen juntos para determinar cu¨¢les son las cuestiones fundamentales y supervisar los progresos. Tenemos que instituir comisiones, consejos y otros ¨®rganos, tanto de ¨¢mbito local como nacional, para favorecer una participaci¨®n de base amplia, con la ayuda de los medios de difusi¨®n.

En todas nuestras previsiones, iniciativas, publicaciones y declaraciones p¨²blicas, hemos de adoptar una perspectiva que se oriente preferentemente a hallar soluciones. Al haber trabajado durante un cuarto de siglo en instituciones nacionales y europeas, me atrevo a afirmar que nuestros planteamientos suelen orientarse demasiado a determinar problemas y demasiado poco a hallar soluciones. Sin un planteamiento positivo, estamos condenados a olvidar que hemos de definir, con nitidez, unas buenas pr¨¢cticas y unas soluciones viables. Los planteamientos orientados hacia las soluciones son mucho m¨¢s efectivos, puesto que suscitan una clase muy distinta de motivaci¨®n y favorecen las iniciativas nuevas e innovadoras. Gastamos demasiada energ¨ªa en examinar fen¨®menos negativos y no utilizamos lo suficiente nuestra capacidad de hacer lo necesario para provocar cambios duraderos, concebir soluciones pr¨¢cticas y, sobre todo, ponerlas en pr¨¢ctica. Deber¨ªan analizarse los factores responsables del ¨¦xito en los casos de buenas pr¨¢cticas, as¨ª como las posibilidades de trasplantarlos a otras regiones y pa¨ªses.

Hemos de adoptar un planteamiento m¨¢s en¨¦rgico, innovador y de largo plazo de los procesos de seguimiento, a fin de potenciar la aplicaci¨®n de las iniciativas, propuestas y recomendaciones. Abundan las publicaciones con recomendaciones, resoluciones e iniciativas en casi todas las esferas que ata?en a la inmigraci¨®n y a la sociedad pluricultural. Ideemos sistemas que nos permitan formular recomendaciones de manera m¨¢s sistem¨¢tica y mejor definida y supervisemos y apoyemos su aplicaci¨®n, de manera continuada. Cabe aducir ejemplos como los siguientes: la instauraci¨®n de un sistema de vigilancia de las labores de seguimiento, en el que se informe peri¨®dicamente del progreso del cumplimiento de las recomendaciones adoptadas; la creaci¨®n de un procedimiento de revisi¨®n anual de las recomendaciones adoptadas, en parte para determinar si son lo suficientemente pr¨¢cticas, y la cooperaci¨®n con organizaciones internacionales, no s¨®lo para formular recomendaciones conjuntas, sino tambi¨¦n para supervisar su aplicaci¨®n.

Hemos de incrementar la participaci¨®n de las minor¨ªas y los inmigrantes en todos los procesos democr¨¢ticos y de planificaci¨®n estrat¨¦gica. Todav¨ªa, los debates suelen ser ¡°acerca de¡± las minor¨ªas, no ¡°con¡± las minor¨ªas. As¨ª se desaprovecha la oportunidad de ganarse su participaci¨®n y voluntad en el momento de la aplicaci¨®n de medidas; se desaprovecha la oportunidad de dar a las minor¨ªas y a los inmigrantes m¨¢s ocasiones de participar en los procesos democr¨¢ticos y de identificarse con ellos. Tambi¨¦n se desaprovecha la oportunidad de derribar las barreras entre comunidades paralelas. La inclusi¨®n de las minor¨ªas y los inmigrantes en los procesos democr¨¢ticos y estrat¨¦gicos no deber¨ªa obedecer, de manera exclusiva, a las razones formales de la participaci¨®n y el aut¨¦ntico respeto, sino tambi¨¦n, y de manera fundamental, a la idea de ¡°pertenencia a una comunidad¡±. Este deseo de pertenencia es la segunda necesidad m¨¢s elemental de todo ser humano, despu¨¦s de la necesidad de seguridad. Los sentimientos de falta de pertenencia los experimentan, sobre todo, los inmigrantes de segunda y tercera generaci¨®n, pese a sus esfuerzos por integrarse. Esta experiencia de marginaci¨®n, de falta de respeto y aceptaci¨®n puede desembocar en el aislamiento social, la resistencia y la violencia. Tenemos que hacer que las minor¨ªas ¨¦tnicas, culturales y religiosas y los inmigrantes participen en el trazado de iniciativas y en la ejecuci¨®n de proyectos. Deber¨ªamos celebrar actos que fueran retransmitidos por los medios de difusi¨®n y en los que esos grupos pudieran hacer o¨ªr su propia voz y expresar sus necesidades.

Hemos de entablar un debate p¨²blico general para determinar qu¨¦ clase de sociedad queremos ser: cu¨¢l ser¨¢ nuestra identidad social. Tenemos que entablar un di¨¢logo franco y de amplias miras sobre la inmigraci¨®n y la integraci¨®n, que apunte hacia el consenso social pero no deje de tener en cuenta las circunstancias. A fin de cuentas, hemos de preguntarnos ¡ªy permitir que otros nos pregunten¡ª si el problema de la inmigraci¨®n es lo que, de verdad, inquieta a las personas. Quiz¨¢ deber¨ªamos plantear otras cuestiones que suscitan miedo hacia el otro: la globalizaci¨®n, el desempleo, el futuro incierto, la marginaci¨®n social ¡ªel sentimiento de falta de pertenencia a la comunidad y de ser impotente ante los cambios¡ª, temores e inseguridades que aquejan a muchos grupos.

No deber¨ªamos eludir los debates sobre el futuro de una sociedad pluricultural, en su propio contexto. Asimismo, hemos de evitar culpar a ¡°la pol¨ªtica¡± o a ¡°los medios de difusi¨®n¡± o al ¡°sistema educativo¡±. Gran parte del descontento se achaca a la pol¨ªtica, por ejemplo; y es evidente que se ha esperado demasiado de ella en los ¨²ltimos a?os. Las cuestiones relativas a una sociedad pluricultural nos afectan a todos nosotros: a mayor¨ªas y a minor¨ªas, a todos y cada uno de los ciudadanos. No debemos ni ocultar los problemas ni abrigar expectativas demasiado elevadas. Sin embargo, la celebraci¨®n de un debate p¨²blico ¡ªen el que ni se soslayara el asunto de la sociedad pluricultural ni se justificaran las numerosas contradicciones y dilemas que ¨¦sta lleva aparejadas¡ª pondr¨ªa de manifiesto la vitalidad y la capacidad innovadora inherentes a la sociedad y favorecer¨ªa un cambio positivo.

El di¨¢logo nos brinda la oportunidad de determinar lo que tenemos en com¨²n y lo que nos separa, y afrontarlo. Tambi¨¦n nos recuerda que la inmigraci¨®n nunca ha llevado a ninguna sociedad al punto de la ruptura, como demuestra la experiencia de los recientes procesos de paz que siguen su curso. De hecho, el mejor ejemplo de ello es la propia UE, que constituye el mayor proyecto de paz de la historia. Ese di¨¢logo deber¨ªa inscribirse en un debate m¨¢s general sobre los valores, dado que ¨¦sta es la coyuntura m¨¢s apropiada para emprender un di¨¢logo sobre la integraci¨®n.

Tenemos que dejar claro que nuestra sociedad depende econ¨®mica, pol¨ªtica y culturalmente de la interacci¨®n permanente entre personas de distintas ra¨ªces culturales, ¨¦tnicas y religiosas. Esta es la base sobre la que se asientan la UE y sus ideales. La ¡°sociedad homog¨¦nea¡± que tantos invocan nunca ha existido en Europa. Hemos de reconocer jur¨ªdicamente y reconocer p¨²blicamente nuestro pluralismo pol¨ªtico. Asimismo, hemos de dejar claro que, por encima de todas las diferencias culturales, estamos unidos por unos valores y por unas normas sociales fundamentales que compartimos: el respeto de los derechos humanos y la fe en las constituciones y los ordenamientos jur¨ªdicos.

La sociedad civil ¡ªlos intelectuales, los medios de difusi¨®n y las ONG¡ª deber¨ªan emprender y fomentar un di¨¢logo social de amplio espectro con los Estados miembros de la UE. Podr¨ªan hacerlo redactando un manifiesto p¨²blico que se distribuyera ampliamente entre la sociedad y estuviera respaldado por actos culturales (conciertos, exposiciones). Podr¨ªan crearse foros interactivos, aprovechando, tal vez, la Internet, para favorecer unos debates extensos. De este modo, podr¨ªamos abrir un proceso que encabezaran conjuntamente tanto las instituciones europeas y nacionales como la sociedad civil de toda Europa.

Necesitamos una visi¨®n unitaria de una sociedad que concilie los derechos individuales con las exigencias de justicia, preocupaci¨®n social y compasi¨®n; una cultura de los derechos humanos en la UE que se plasme en la vida cotidiana. Mi aspiraci¨®n es la de una sociedad de respeto y aceptaci¨®n mutuos, en la que, juntos, podamos insuflar vida a esa ¡°cultura de los derechos humanos¡±. Responde a una idea positiva de la sociedad pluricultural, en la que la mayor¨ªa y la minor¨ªa conviven mostrando respeto mutuo por los valores culturales y las costumbres diferentes de cada cual, tomando como base los derechos humanos y los ordenamientos jur¨ªdicos compartidos.

S¨¦ que se trata de un sue?o fruto de la esperanza, que dista mucho de la realidad de la vida de muchas personas que sufren, d¨ªa a d¨ªa, discriminaci¨®n y humillaci¨®n. Sin embargo, tambi¨¦n s¨¦ que cuando diversos grupos se comprometen en una causa com¨²n, sus esfuerzos pueden tener efectos perdurables en las mentalidades y en los comportamientos. S¨¦ que el cambio es posible. Aunemos nuestras cualidades, diversas y comunes, para erigir una cultura de los derechos humanos en la que tengamos cabida todos y cada uno de nosotros y que nos infunda el sentimiento de pertenecer a una misma comunidad.

Se puede consultar una versi¨®n m¨¢s extensa del presente art¨ªculo en?www.fra.europa.eu

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