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Asistencia de emergencia en desastres

En Venezuela, los rescatistas siguen encontrando sobrevivientes días del pasado 24 de junio.

Gianluca Rampolla, coordinador residente y humanitario de la ONU en Venezuela, y Vanessa May, de OCHA hablan sobre la situación en el país, la atención a las familias desplazadas y la reconstrucción que viene después.

Cuando el a finales de 2025, dejó algo más que escombros: destrozó cocinas y dejó a familias sin saber cómo iban a comer al día siguiente. , el PMA entregó rápidamente kits de comida pese a las difíciles condiciones, brindando alivio inmediato, dignidad y esperanza a quienes lo habían perdido todo. 

Las primeras 72 horas son clave en ; el tiempo que tarda ACNUR en desplegar su red global que envía ayuda esencial, activa equipos especializados y libera fondos urgentes. Detrás de cada tienda hay logística, planificación y personas preparadas para actuar.

En la provincia filipina de Cagayán, las comunidades dependen de la pesca y la agricultura. Sin embargo, la intensificación de los tifones pone cada vez más en peligro sus vidas, sus bienes y su seguridad alimentaria. En 2024, seis ciclones causaron daños por valor de más de 13,7 millones de dólares. Un año más tarde, cuando pasó el supertifón Fung-Wongd, las comunidades estaban mejor preparadas. , los pescadores pusieron a salvo sus embarcaciones y los agricultores protegieron sus cosechas y su ganado. La acción coordinada salvaguardó los bienes y permitió una rápida recuperación. Estos esfuerzos demuestran cómo la preparación y la coordinación a nivel local reducen los efectos de estas catástrofes, al tiempo que influyen en las políticas nacionales para fortalecer la resiliencia.

En Gaza, los palestinos han sufrido , con pérdidas de vidas, hogares y bienes. Han visto carreteras, escuelas, edificios y hospitales destruidos. Aun así, trabajan sin descanso para recuperar sus comunidades – por ejemplo, retirando y triturando 1.500 toneladas diarias de escombros. El PNUD, y sus más 2.800 trabajadores locales, participan restaurando sistemas de aguas residuales y pozos o suministrando agua potable, entre otras acciones.

En la frontera boliviana con Brasil, varias comunidades mejoran su porvenir gracias al apoyo del PNUD en el acceso al agua y a huertos familiares.


 

La sequía extrema en el sur de Angola ha dejado ríos secos, a excavar pozos peligrosos para obtener agua, lo que provoca enfermedades y complica partos seguros. La falta de agua también afecta medios de vida como la pesca. El ĢƵFPA y sus socios ofrecen apoyo sanitario, formación de parteras y programas para jóvenes, subrayando que la crisis climática empeora desigualdades de género y necesita inversiones urgentes.

Junto a otras agencias de las Naciones Unidas, ĢƵOPS dedicó 2025 a responder a crisis y conflictos. Entre otros proyectos, promovió un centro de llamadas humanitario , fomentó infraestructura y empleo en la República Democrática del Congo, llevó asistencia a Gaza y Haití, y facilitó socorro tras desastres en Jamaica, Myanmar, Sudán, Türkiye, Ucrania y Yeme. Todo para mejorar el acceso a servicios básicos, seguridad y medios de vida de comunidades vulnerables.

El huracán Melissa azotó Cuba a finales de octubre, cruzando la isla en seis horas con fuertes vientos e intensas lluvias. Provocó más de 735.000 evacuados y dañó servicios esenciales. Las inundaciones en Santiago de Cuba sumergieron cultivos y viviendas, aumentando riesgos sanitarios. La trabaja con las autoridades nacionales en el Plan de Acción del huracán, que coordina asistencia en refugio, salud, alimentación, educación, agua y saneamiento.

El corresponsal de Noticias ONU en Gaza ha recogido testimonios que revelan el profundo trauma que han dejado dos años de guerra en los niños de la Franja.  

“Dentro de esta casa, mi familia está bajo los escombros”. , de 16 años, habla a la cámara junto a lo que queda de su hogar en la Ciudad de Gaza.

"La guerra terminó, y aun así, no podemos sacarlos ... es difícil continuar la vida, pero seguiré viviendo por ellos”, dice.

En agosto de 2015, la devastó Petite Savanne, en Dominica, causando más de treinta muertes y destruyendo viviendas y medios de vida. La zona fue declarada peligrosa, lo que obligó a muchas familias a reubicarse en una comunidad más segura, pero sin sentido de pertenencia. Gente mayor como Athena lamentan la pérdida de la vida comunitaria. Frente al cambio climático, promueve la reconstrucción de vidas a través de la colaboración y soluciones sostenibles.


 

Cuando el suelo tembló bajo sus pies en Perú, Tamara Baltodano sintió pánico. Esta migrante nicaragüense había llegado a su país de acogida años atrás buscando oportunidades y un nuevo hogar. Tras perder su empleo, se adaptó y, con la ayuda de , decidió entrenarse como brigadista para ayudar en emergencias. En ese proceso descubrió una fuerza interior que no conocía. Hoy, Tamara encarna el valor y la solidaridad de quienes, lejos de casa, eligen transformar el miedo en fortaleza.


 

En los bosques secos de la Chiquitanía boliviana, mujeres como Seferina, Leonarda y Elizabeth transforman el dolor dejado por . Con apoyo de la OIM y sus socios, estas mujeres impulsan capacitaciones, brigadas y planes de evacuación. Antes relegadas, hoy son protagonistas en la gestión de emergencias, demostrando que la solidaridad y la preparación pueden convertir la pérdida en esperanza y respuesta comunitaria.

 

Inundaciones, ciclones e incendios forestales devastan comunidades enteras: desastres cuyo impacto está determinado por decisiones humanas: dónde construimos, cómo cultivamos y en qué invertimos nuestros recursos. Decisiones que, si no se planifican correctamente, desplazan familias, destruyen medios de vida y . Aun así, muchos gobiernos destinan menos del 1 % de sus presupuestos a la . La elección es clara: invertir en resiliencia o seguir pagando el precio de los desastres.

En los últimos 21 años, dos ciclones han devastado la escuela Orlando Nodarse, al oeste de Cuba: el Charley en 2004 y el Rafael en 2024. “Rafael pasó por la noche. Me dieron ganas de llorar”, confiesa Eduardo, su director. El ciclón se llevó el techo de ocho clases. Con fondos del , ĢƵICEF y una brigada de constructores lograron para poder finalizar el curso escolar.