27 junio 2013

En el a?o 2006, el n¨²mero total de muertes anuales de ni?os menores de cinco a?os de edad descendi¨® por vez primera en la historia reciente por debajo de 10 millones y se situ¨® en 9,7 millones de muertes. Este descenso representa una disminuci¨®n del 60% de la tasa de mortalidad infantil desde 1960. Los datos reunidos por el Grupo Interinstitucional para las Estimaciones sobre Mortalidad ponen de manifiesto que se han logrado avances en todas las partes del mundo. Desde 1990, la tasa de mortalidad de ni?os menores de cinco a?os en China ha pasado de 45 a 24 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, lo que representa una reducci¨®n del 47%; en India0esta tasa se redujo a su vez un 34%. Las tasas de seis pa¨ªses-- Bangladesh, Bhut¨¢n, Bolivia, Eritrea, Nepal y la Rep¨²blica Democr¨¢tica Popular Lao --descendieron en un 50% o m¨¢s entre 1990 y 2006, si bien la tasa de mortalidad de ni?os menores de cinco a?os en estos pa¨ªses sigue siendo elevada. Etiop¨ªa logr¨® una reducci¨®n de casi el 40% durante el mismo per¨ªodo.


Todas ¨¦stas son noticias alentadoras. Los datos muestran que es posible avanzar en este ¨¢mbito y que se puede lograr m¨¢s si se potencian los programas que producen resultados sobre la base de informaci¨®n precisa en aquellos aspectos que funcionan. No obstante, no es momento para la autocomplacencia. La p¨¦rdida de 9,7 millones de vidas infantiles cada a?o resulta inaceptable, en particular cuando muchas de estas muertes pueden evitarse. Y a pesar de estos avances, el mundo no va por buen camino para alcanzar la meta de los objetivos de desarrollo del Milenio (ODM) de reducir en dos terceras partes la tasa de mortalidad infantil para 2015.


La mejora de la salud de las mujeres embarazadas y de las nuevas madres desempe?ar¨¢ un importante papel para reducir la mortalidad infantil en el futuro. Una nutrici¨®n deficiente de las mujeres puede provocar nacimientos prematuros y neonatos de bajo peso. Asimismo, las pruebas indican que los ni?os que pierden a su madre tienen m¨¢s probabilidades de morir antes de cumplir los dos a?os que aquellos cuya madre sobrevive. Tambi¨¦n se han logrado avances en este aspecto, sobre todo mediante la potenciaci¨®n de las principales intervenciones como, por ejemplo, la asistencia especializada durante el parto. Sin embargo, m¨¢s de medio mill¨®n de mujeres mueren cada a?o debido a complicaciones surgidas durante el embarazo y el parto. Es necesario centrar las principales intervenciones en el ¨¢mbito comunitario como parte de un esfuerzo integrado para apoyar el desarrollo de sistemas sanitarios m¨¢s s¨®lidos a escala nacional. La adopci¨®n de intervenciones sanitarias b¨¢sicas a gran escala, como la lactancia materna temprana y exclusiva, la vacunaci¨®n, la administraci¨®n de complementos de vitamina A y el uso de mosquiteras tratadas con insecticida para evitar la malaria son indispensables para seguir avanzando.


Sin embargo, si deseamos mantener y aumentar los avances logrados en los ¨²ltimos a?os tenemos que reconocer que para prestar mejores servicios de salud y ampliar la cobertura de las intervenciones vitales a quienes m¨¢s las necesitan, no s¨®lo son necesarios m¨¢s hospitales, mejores vacunas y profesionales de la salud m¨¢s capacitados, sino tambi¨¦n buenas carreteras, un suministro de agua fiable y una mejor alimentaci¨®n y seguridad alimentaria. Sin ellos, los trabajadores de la salud se enfrentan a dificultades para llegar a las aldeas y hogares, la desnutrici¨®n socava los efectos de las intervenciones sanitarias, las fuentes de agua contaminada provocan enfermedades diarreicas y las pr¨¢cticas poco higi¨¦nicas hacen que los ni?os y sus madres sean m¨¢s vulnerables a las enfermedades. El crecimiento econ¨®mico, la lucha contra la pobreza y contar con trabajadores de la salud capacitados son todos ellos factores que contribuyen a incrementar la supervivencia infantil y a reducir la mortalidad materna.


Ofrecer ense?anza b¨¢sica, especialmente a las ni?as, ser¨¢ crucial para mantener y aumentar los frutos de los recientes avances. La mejora del acceso a la educaci¨®n es un elemento fundamental para aumentar el n¨²mero de trabajadores de la salud capacitados, en particular a nivel local. Y la ense?anza b¨¢sica universal reduce la pobreza y contribuye al crecimiento econ¨®mico al aumentar la productividad. Asimismo, la educaci¨®n contribuye a infundir conductas y h¨¢bitos que tienen un efecto positivo sobre la salud de las personas. Con el tiempo, los ni?os que acaban la ense?anza b¨¢sica se convierten en padres de familia m¨¢s capaces de ofrecer una atenci¨®n de calidad a sus hijos y pueden aprovechar mejor los servicios sanitarios y sociales de los que disponen. La evidencia indica que cuando las ni?as que han cursado al menos la ense?anza b¨¢sica alcanzan la edad adulta tienen m¨¢s probabilidades de gestionar el tama?o de sus familias de acuerdo con sus capacidades y de ofrecer una mejor atenci¨®n a sus hijos y enviarlos a la escuela que aquellas que carecen de educaci¨®n.


La ense?anza primaria universal es en s¨ª misma un objetivo de desarrollo del Milenio. La primera medida del ¨¦xito de la educaci¨®n es lograr que todos los ni?os terminen la ense?anza primaria. Sin embargo, terminar la escuela no es suficiente. La calidad de los conocimientos y el nivel de competencia que pueden impartir las escuelas reviste igual importancia. Un comienzo temprano es vital para que los ni?os adquieran buenos h¨¢bitos de salud, pautas responsables de conducta y una mayor confianza en s¨ª mismos. No obstante, si nos concentramos exclusivamente en la ense?anza primaria y en los ni?os de corta edad, no obtendremos los resultados que la educaci¨®n debe brindar, ya que estos atributos a menudo s¨®lo se ponen realmente en pr¨¢ctica cuando las ni?as y ni?os alcanzan la adolescencia. Por ello debemos prestar especial atenci¨®n a una educaci¨®n de calidad para los ni?os, los adolescentes y los j¨®venes.


Una educaci¨®n de calidad implica buenos m¨¦todos de ense?anza y materiales de aprendizaje adecuados para las personas que gozan de suficiente salud para beneficiarse de las ventajas que ofrece un entorno favorable al aprendizaje. Las escuelas que no disponen de servicios b¨¢sicos, como retretes adecuados, agua potable y zonas de juegos, no se prestan para impartir una educaci¨®n de calidad, en particular para las ni?as, cuyas perspectivas educativas se ven afectadas. Ante la falta de instalaciones adecuadas para las ni?as, muchos padres y madres de familia retiran a sus hijas de la escuela cuando ¨¦stas alcanzan la adolescencia. Y la evidencia indica que la educaci¨®n, especialmente la de las ni?as, es crucial para el desarrollo y el empoderamiento de la mujer. La educaci¨®n aumenta la productividad econ¨®mica, reduce la pobreza, disminuye la mortalidad maternoinfantil y ayuda a mejorar la nutrici¨®n y la salud.


Adem¨¢s, el suministro de agua potable y un servicio de saneamiento adecuado en las escuelas a menudo impulsan la demanda de estos servicios por parte de la comunidad en general. A medida que mejora la educaci¨®n y la salud de las comunidades, mejoran igualmente, por extensi¨®n, sus perspectivas de disminuir los niveles de mortalidad maternoinfantil. Dentro de las aulas es indispensable que el entorno permita a los ni?os participar activamente en el proceso educativo y ofrezca recursos adecuados para fomentar el entusiasmo por el aprendizaje. Los programas como "Child Friendly School Initiative" apoyan el desarrollo de escuelas que ofrecen una educaci¨®n segura, de alta calidad e inclusiva hecha a la medida de las necesidades de sus alumnos.


La educaci¨®n no reglada para aquellos que no asisten a la escuela puede igualmente contribuir a la salud y el bienestar de las mujeres, los ni?os y sus comunidades. Otra iniciativa, el programa "Child-to-Child for School Readiness", ofrece capacitaci¨®n y materiales que permiten a los profesores formar a los estudiantes para que ¨¦stos puedan transmitir los conocimientos adquiridos a sus hermanos y hermanas que no asisten a la escuela o no han ingresado todav¨ªa en ella. Este programa ha sido puesto a prueba en muchos pa¨ªses y ha demostrado su eficacia para difundir h¨¢bitos y pr¨¢cticas saludables fuera de las escuelas y en los hogares y las comunidades.


La relaci¨®n existente entre la educaci¨®n y la salud infantil y materna es evidente. La mayor lecci¨®n -que todos los objetivos de desarrollo del Milenio est¨¢n relacionados entre s¨ª y que el ¨¦xito en uno de ellos s¨®lo ser¨¢ sostenible si se logran todos los objetivos- forma parte de todas las actividades de desarrollo del sistema de las Naciones Unidas.
**Ä¢¹½ÊÓÆµICEF Photo/Anita Khemka

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