27 mayo 2014

Cuando el Grupo de los 77 apareci¨® en la escena econ¨®mica mundial al finalizar la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD) en 1964, fue aclamado en un titular de portada del prestigioso semanal londinense Sunday Observer como ¡°el fen¨®meno m¨¢s importante del per¨ªodo de la posguerra¡±. Cuando se convoc¨® la primera conferencia de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD, el Grupo ya hab¨ªa empezado a funcionar, pero ten¨ªa 75 miembros, entre los que se inclu¨ªan Australia y Nueva Zelandia. Al final de la Conferencia, el Grupo de los 75 se transform¨® en el Grupo de los 77, con el abandono de Australia y Nueva Zelandia y la entrada de otros 4 pa¨ªses en desarrollo. El primer documento sustantivo y autorizado emitido por el Grupo de los 77 fue su Declaraci¨®n, que conten¨ªa una evaluaci¨®n de los resultados de la Conferencia y esbozaba los objetivos que deb¨ªan perseguirse en el futuro, en particular, a trav¨¦s del foro de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD. Se trataba de un documento fundamental en el que los pa¨ªses en desarrollo proclamaban por primera vez su determinaci¨®n de trabajar por un nuevo orden internacional. Esto suced¨ªa una d¨¦cada antes de la aprobaci¨®n por la Asamblea General de las Naciones Unidas de la Declaraci¨®n y el Programa de Acci¨®n sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Econ¨®mico Internacional.

Poco despu¨¦s de la primera conferencia de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD, el Grupo de los 77 emergi¨® como el foro m¨¢s importante de los pa¨ªses en desarrollo para armonizar sus perspectivas sobre cuestiones econ¨®micas mundiales, desarrollar posiciones comunes sobre dichas cuestiones y promover ideas y estrategias nuevas para las negociaciones con los pa¨ªses desarrollados. Su institucionalizaci¨®n legal en la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD tuvo lugar mediante la resoluci¨®n aprobada en la primera edici¨®n de dicha Conferencia y refrendada posteriormente por la Asamblea General, por la que se establec¨ªa la Junta de Comercio y Desarrollo, ¨®rgano ejecutivo de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD. A partir de ah¨ª, se extendi¨® a la mayor¨ªa de los ¨®rganos y organizaciones de las Naciones Unidas, incluidos los organismos especializados de las Naciones Unidas y aquellos encargados de abordar cuestiones pol¨ªticas, de seguridad y de derechos humanos, arraigando firmemente en cada uno de ellos. Es dif¨ªcil imaginar c¨®mo todos estos ¨®rganos y organizaciones habr¨ªan podido alcanzar los amplios acuerdos a los que han llegado en los ¨²ltimos 50 a?os en materia de normas, principios, reglamentos, reg¨ªmenes y marcos, incluidos tratados formales, sin disponer de este foro. Por tanto, el Grupo de los 77 est¨¢ indisolublemente ligado al enorme corpus de bienes p¨²blicos internacionales que se ha desarrollado y acumulado a lo largo del ¨²ltimo medio siglo. De no haber sido por la existencia y el funcionamiento del Grupo de los 77, la comunidad internacional llevar¨ªa un gran retraso en la consecuci¨®n de sus objetivos de civilizaci¨®n, estar¨ªa sumida en un mayor caos y ser¨ªa m¨¢s inestable y vulnerable de lo que es hoy en d¨ªa.

Dado que el Grupo de los 77 est¨¢ integrado en las Naciones Unidas, su impacto y eficacia, as¨ª como sus logros y fracasos, han dependido en gran medida del ascenso y la ca¨ªda, del ¨¦xito y el fracaso de las Naciones Unidas. El Grupo funcion¨® con extraordinaria eficacia y energ¨ªa durante la mayor parte de la ¨¦poca dorada de la cooperaci¨®n econ¨®mica internacional en el marco de las Naciones Unidas, es decir, desde 1964 hasta finales de la d¨¦cada de 1970. Su declive comenz¨® con el inicio del declive de las Naciones Unidas, a comienzos de la d¨¦cada de 1980. Hay unanimidad en cuanto a la idea de que dicho declive fue el resultado de un ataque bien planeado y coordinado a las Naciones Unidas por parte de los principales pa¨ªses desarrollados. No es posible devolver al Grupo de los 77 el prestigio y el dinamismo que alcanzaron en el pasado sin devolver a las Naciones Unidas las funciones que se le encomendaron en su Carta, y que le fueron arrebatadas, y sin reconstruir su capacidad, desmantelada sistem¨¢ticamente durante los tres ¨²ltimos decenios.

Estuve presente en la creaci¨®n del Grupo de los 77 y permanec¨ª vinculado a ¨¦l hasta mi jubilaci¨®n del Servicio Diplom¨¢tico de la India, a finales de 1991. En la primera conferencia de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD, como miembro del equipo indio de la Quinta Comisi¨®n de la Conferencia, particip¨¦ en las negociaciones sobre los principios encargados de regir el comercio mundial y las pol¨ªticas comerciales orientadas a propiciar el desarrollo. Durante el proceso de negociaci¨®n en dicha Comisi¨®n, cre¨ªmos realmente que est¨¢bamos participando en la tarea hist¨®rica de cambiar las reglas del juego y establecer principios, normas y reglamentos nuevos para regular el sistema econ¨®mico mundial. En el Grupo de los 77 consideramos que nuestra tarea consist¨ªa en provocar un cambio en el statu quo frente a la tenaz y decidida defensa de los pa¨ªses del norte. Recuerdo que cuando, tras una larga noche de negociaci¨®n, alcanzamos un acuerdo en el Grupo sobre un conjunto de principios, uno de mis interlocutores en la negociaci¨®n exclam¨® que aquella era nuestra contribuci¨®n a la humanidad. Dichos principios se convirtieron en una importante baza de negociaci¨®n en la primera conferencia de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD que exig¨ªa la atenci¨®n de las delegaciones al m¨¢s alto nivel y conformaba de manera decisiva el Acta Final de la Conferencia.

Mi primera participaci¨®n importante en el Grupo de los 77 tuvo lugar durante la preparaci¨®n de la posici¨®n de Asia como contribuci¨®n a la Carta de Argel aprobada en la primera Reuni¨®n Ministerial del Grupo, celebrada en dicha ciudad en 1967 con car¨¢cter preparatorio para la segunda conferencia de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD, que deb¨ªa celebrarse en Nueva Delhi en 1968. Al preparar la posici¨®n de Asia, nos topamos con un serio obst¨¢culo en la secretar¨ªa de la entonces Comisi¨®n Econ¨®mica para Asia y el Lejano Oriente (CEPALO), que se negaba a prestar su foro para nuestra negociaci¨®n, argumentando que, dado que los miembros de la CEPALO eran tanto pa¨ªses desarrollados como en desarrollo, el foro no pod¨ªa usarse ¨²nicamente para la negociaci¨®n entre pa¨ªses en desarrollo. Finalmente alcanzamos un compromiso con el entonces Secretario Ejecutivo de la CEPALO para utilizar con dicho prop¨®sito el foro ya existente de las Conversaciones para la Promoci¨®n del Comercio Bilateral. A pesar de los problemas planteados, conseguimos negociar la Declaraci¨®n de Bangkok, que fue reconocida como un modelo a seguir para la redacci¨®n de la Carta de Argel. En gran medida, fue debido a la importancia de este documento por lo que Ra¨²l Prebisch, Secretario General de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD, me nombr¨® para formar parte del ¡°Grupo de los Ocho¡± creado para redactar la Carta de Argel.

La cuesti¨®n de las medidas especiales en favor de los pa¨ªses miembros del Grupo de los 77 menos avanzados fue planteada por primera vez en la Conferencia de Argel por los representantes de los pa¨ªses africanos. El asunto se debati¨® en los grupos de presi¨®n y se trat¨® oficiosamente entre los representantes africanos y el Dr. Prebisch. No se hizo ning¨²n intento de incluirlo en el programa oficial de la Conferencia Ministerial ni se permiti¨® que surgiera al definir la posici¨®n com¨²n del Grupo de los 77 de cara a la negociaci¨®n en la segunda edici¨®n de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD. Los representantes africanos aceptaron en general la garant¨ªa del Dr. Prebisch de que esta cuesti¨®n tendr¨ªa un seguimiento en la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD. Nosotros, la delegaci¨®n de la India, ¨¦ramos conscientes de que la cuesti¨®n se plantear¨ªa en la Conferencia de Nueva Delhi, para la que ten¨ªamos que mantenernos preparados. Por lo tanto, elabor¨¦ un documento interno para el Gobierno de la India en el que suger¨ªa las l¨ªneas en las que pod¨ªa desarrollarse una posici¨®n com¨²n del Grupo de los 77 sobre el tema.

La sugerencia planteada en el documento era que cualquier medida que fuera de inter¨¦s para la mayor¨ªa de los miembros de dicho Grupo deber¨ªa recibir el apoyo de estos en su totalidad, siempre que dicha medida no fuera en contra de los intereses de alguno de ellos. Si, por otra parte, existiera un conflicto de intereses, deber¨ªa hacerse un esfuerzo por alcanzar un consenso sobre el tema dentro del Grupo en su conjunto.

De hecho, esta cuesti¨®n se plante¨® en las consultas de alto nivel llevadas a cabo entre el Grupo de los 77 y el Secretario General de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD y se lleg¨® a un entendimiento acerca del planteamiento general que deb¨ªa seguirse para abordarla, basado m¨¢s o menos en la sugerencia formulada en mi documento.

Mi momento m¨¢s memorable como negociador en nombre del Grupo de los 77 lleg¨® cuando fui elegido en Nueva York Presidente del Grupo para el per¨ªodo de 1969 a 1970, momento en el que se negoci¨® la Estrategia Internacional del Desarrollo (EID) para el Segundo Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo, es decir, la negociaci¨®n de la d¨¦cada de 1970. Ser elegido Presidente del Grupo de los 77 cuando yo solo era Primer Secretario de la Misi¨®n Permanente de la India ante las Naciones Unidas, supuso para m¨ª un gran honor. Como tal, me enfrent¨¦ a la dif¨ªcil tarea de coordinar la formulaci¨®n de una posici¨®n com¨²n del Grupo sobre la EID y negociar en su nombre con los pa¨ªses desarrollados. En el per¨ªodo de sesiones de la Asamblea General de 1969 fui elegido Relator del Comit¨¦ Preparatorio para la Formulaci¨®n de la EID. Ello me dio la oportunidad de preparar el texto convenido sobre los distintos componentes de la Estrategia para el Comit¨¦. El momento m¨¢s emotivo lleg¨® cuando presid¨ª una reuni¨®n del Grupo de los 77 con el fin de obtener la aprobaci¨®n final del texto de la EID que hab¨ªa sido negociado con otros grupos durante m¨¢s de un a?o. Me sent¨ª preocupado, pero en ning¨²n momento sorprendido o abatido, al ver que varias delegaciones presentaban en la c¨¢mara m¨¢s de 100 enmiendas al texto. En una intervenci¨®n que dur¨® m¨¢s de 45 minutos, respond¨ª a cada una de las enmiendas y expliqu¨¦ por qu¨¦ no eran necesarias. Inmediatamente despu¨¦s de mi prolongada respuesta, Sergio Armando Frazao, Embajador del Brasil, el m¨¢s veterano Representante Permanente ante las Naciones Unidas, que gozaba asimismo de gran respeto, propuso que se retiraran todas las enmiendas y se aprobara el texto sin ninguna modificaci¨®n. En ese momento, la sala de reuniones estall¨® en un ensordecedor estruendo de aprobaci¨®n del texto. Fue un reflejo de la firme solidaridad que inspiraba al Grupo de los 77 en aquella ¨¦poca. Al aprobar este documento, las Naciones Unidas pusieron en marcha un nuevo marco integral y establecieron un nuevo par¨¢metro de cooperaci¨®n internacional. Con la EID se produjo el mayor acercamiento posible a un plan internacional de desarrollo. Fue realmente extraordinario que, a pesar de no constituir un Gobierno mundial, las Naciones Unidas pudieran alcanzar el consenso en un documento de este tipo, normalmente formulado y aplicado por los gobiernos. Esto contradec¨ªa la presunci¨®n de los ¡°realistas¡± de que un conglomerado de Estados soberanos que no hubiera sido investido de autoridad soberana (esta es una de las maneras en que se definen las Naciones Unidas) no puede aspirar a desempe?ar una funci¨®n que corresponde ¨²nicamente a una autoridad soberana. Los compromisos de este documento se expresan en t¨¦rminos tajantes mediante el uso del tiempo verbal futuro de obligaci¨®n. Fue en este documento donde, por primera vez, los pa¨ªses desarrollados aceptaron el compromiso de transferir el 0,75% de su PNB a los pa¨ªses en desarrollo en concepto de asistencia para el desarrollo, y donde se fij¨® 1972 como fecha l¨ªmite para cumplir este objetivo. Tambi¨¦n por primera vez aceptaron la obligaci¨®n de llevar a cabo ajustes estructurales en sus econom¨ªas nacionales para facilitar el aumento de la importaci¨®n desde pa¨ªses en desarrollo.

Una d¨¦cada m¨¢s tarde, el Grupo de los 77 me propuso como candidato para el puesto de Presidente del Comit¨¦ Preparatorio de la Asamblea General encargado de la formulaci¨®n de la Estrategia Internacional del Desarrollo correspondiente al Tercer Decenio para el Desarrollo, es decir, la d¨¦cada de 1980, y fui elegido por unanimidad por la Asamblea para ocupar dicho cargo. Desgraciadamente, para entonces los principales pa¨ªses desarrollados hab¨ªan comenzado ya su ataque destinado a debilitar a las Naciones Unidas y a transformar su mandato. Por tanto, la perspectiva de llegar a un consenso sobre una EID que mereciera la pena para la d¨¦cada de 1980, no era muy prometedora. Finalmente, tuve que dimitir de mi puesto y retirarme durante un breve per¨ªodo del ¨¢mbito multilateral, ya que mi Gobierno decidi¨® encomendarme una tarea bilateral importante. Agha Shahi, Embajador del Pakist¨¢n, me sucedi¨® en el cargo de Presidente del Comit¨¦ Preparatorio. De hecho, se lleg¨® a aprobar una EID para la d¨¦cada de 1980, pero no fue m¨¢s que una p¨¢lida sombra de la aprobada para la d¨¦cada de 1970.

Cuando volv¨ª a la escena de las Naciones Unidas como Representante Permanente de la India en Ginebra, se hab¨ªa producido un cambio cualitativo en la situaci¨®n econ¨®mica mundial y en la posici¨®n del sistema multilateral. Para entonces, las Naciones Unidas hab¨ªan dejado de ser un foro para negociaciones serias. Cada vez que nosotros, en nombre del Grupo de los 77, tom¨¢bamos la iniciativa de plantear una cuesti¨®n sustantiva para la negociaci¨®n, nuestros interlocutores de los pa¨ªses desarrollados se aseguraban de inmediato de que la cuesti¨®n se enredara en una disputa de procedimiento sobre si las Naciones Unidas estaban cualificadas para negociar sobre dicho tema. El proceso de transferencia de las funciones encomendadas a las Naciones Unidas en la Carta en materia econ¨®mica al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) estaba en todo su apogeo, como lo estaban tambi¨¦n los incansables esfuerzos por reducir la dotaci¨®n de personal y congelar los presupuestos de las organizaciones de las Naciones Unidas. La situaci¨®n era tan desesperada que de nada sirvi¨® el esfuerzo que realizamos durante tres a?os para persuadir a los pa¨ªses desarrollados de que accedieran a convocar una Reuni¨®n Ministerial de la Junta de Comercio y Desarrollo de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD.

No obstante, de manera concertada con otros miembros activos del Grupo de los 77, pude conseguir algunas cosas de las que a¨²n hoy me siento muy satisfecho. En la Reuni¨®n Ministerial del GATT celebrada en 1982 en Ginebra, pudimos evitar, a pesar de la implacable presi¨®n ejercida tanto en Ginebra como de manera bilateral en la Sede de las Naciones Unidas, el inicio de una nueva ronda de negociaciones comerciales en el marco del GATT, con cuestiones nuevas como los servicios, los aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio (ADPIC) y las medidas de inversi¨®n vinculadas con el comercio (IMT). Finalmente, el Grupo de los 77 cedi¨® a la presi¨®n y acord¨® en la Reuni¨®n Ministerial del GATT, celebrada en Punta del Este en 1986, iniciar la Ronda Uruguay de Negociaciones Comerciales. El Grupo no pudo formular una posici¨®n com¨²n para la Conferencia de Punta del Este y, cuando finalmente nos reunimos en la Conferencia, el grupo hab¨ªa quedado reducido al Grupo de los Diez. Ni siquiera el Grupo de los Diez consigui¨® actuar de manera concertada para evitar el desenlace de Punta del Este. Se inici¨® la nueva ronda con la inclusi¨®n de temas como los ADPIC, las IMT, etc. Al menos obtuvimos cierta satisfacci¨®n por la flexibilidad de los mandatos de negociaci¨®n sobre dichas cuestiones y la decisi¨®n de iniciar por otra v¨ªa las negociaciones sobre servicios. No obstante, esto ¨²ltimo result¨® ser solo una cortina de humo, ya que ambas v¨ªas se unieron r¨¢pidamente y las represalias mutuas no tardaron en llegar. En la Conferencia de Examen de la Ronda Uruguay de Negociaciones, celebrada en Montreal, consegu¨ª movilizar al Grupo de los Diez y evitar que se alcanzara un acuerdo para emprender negociaciones sustantivas sobre los ADPIC. Solo ocho meses despu¨¦s, la India abandon¨® su posici¨®n, y este fue uno de los motivos fundamentales de que el Grupo de los 77 en su conjunto cediera a la presi¨®n y aceptara negociaciones sustantivas sobre dichas cuestiones. Este hecho fue un reflejo de la p¨¦rdida de importancia y de la falta de cohesi¨®n del Grupo, que hab¨ªa visto c¨®mo su eficacia y su peso pol¨ªtico deca¨ªan considerablemente de forma paralela al declive de las Naciones Unidas a partir de los primeros a?os de la d¨¦cada de 1980.

Otra importante iniciativa que emprend¨ª, junto con mi colega S.P. Shukla, entonces Embajador de la India ante el GATT, fue convencer al Grupo de los 77 de que participara en una reuni¨®n ministerial en Nueva Delhi sobre el Sistema Global de Preferencias Comerciales (SMPC). Un admirable n¨²mero de ministros particip¨® en la Conferencia, en la que se negociaron importantes concesiones comerciales y se reencauz¨® el SMPC, que hab¨ªa permanecido inactivo desde su puesta en marcha en Belgrado unos a?os antes. Un par de a?os despu¨¦s de la Conferencia Ministerial de Delhi, el SMPC se olvid¨® una vez m¨¢s y fue retomado hace solo unos a?os cuando Lula, el entonces Presidente del Brasil, tom¨® la iniciativa de convocar en Brasilia la Tercera Conferencia Negociadora en el marco del SMPC. Con el reciente giro en el equilibrio del poder econ¨®mico mundial hacia los pa¨ªses en desarrollo, el SMPC hab¨ªa adquirido mayor importancia y, por tanto, deb¨ªa ser reactivado como instrumento fundamental de la cooperaci¨®n Sur-Sur.

Durante mi etapa como Representante Permanente de la India en Ginebra, experiment¨¦ una gran satisfacci¨®n intelectual con la convincente y l¨²cida presentaci¨®n improvisada del Informe sobre el Comercio y el Desarrollo que a?o tras a?o realizaba el Dr. Gamani Corea, entonces Secretario General de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD. La oportunidad de comentar el discurso del Secretario General y el Informe sobre el Comercio y el Desarrollo en nombre del Grupo de los 77 constitu¨ªa en aquellos d¨ªas un gran acontecimiento en mi vida laboral. Recuerdo tambi¨¦n mi participaci¨®n como portavoz del Grupo en la Conferencia de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD celebrada en Belgrado en 1983, en el debate del famoso tema 8 del programa sobre la interrelaci¨®n entre el comercio, el dinero, las finanzas y el desarrollo. Los delegados sol¨ªan acudir en gran n¨²mero a la sala de conferencias asignada para tratar este tema con el ¨²nico fin de asistir a un debate que con frecuencia alcanzaba alturas de v¨¦rtigo. Mis otros dos colegas del Grupo de los 77 en el debate eran los representantes del Brasil y de Argelia. Las diferencias fundamentales entre nuestra posici¨®n y la de los pa¨ªses desarrollados estribaban en que, mientras que, en nuestra opini¨®n, la crisis que afectaba a la econom¨ªa mundial a comienzos de la d¨¦cada de 1980 ten¨ªa su ra¨ªz en factores estructurales que requer¨ªan cambios fundamentales con el fin de que el sistema econ¨®mico mundial fuera justo y equitativo, nuestros colegas de los pa¨ªses desarrollados argumentaban que la crisis era de naturaleza c¨ªclica y que se corregir¨ªa por s¨ª sola mediante la acci¨®n de las fuerzas del mercado, por lo que no era necesario adoptar medidas adicionales dr¨¢sticas. Es dif¨ªcil decir, mirando atr¨¢s, qu¨¦ parte gan¨® el debate, pero recuerdo que, a pesar de las diferencias b¨¢sicas, pudimos llegar a un consenso sobre este tema del programa que pas¨® a formar parte del informe de la Conferencia.

Entre 1982 y 1985, represent¨¦ anualmente a la India en la Primera Comisi¨®n de la Asamblea General encargada de todos los asuntos de desarme. Recuerdo que coordin¨¦ la posici¨®n de los Pa¨ªses No Alineados (y, por tanto, tambi¨¦n del Grupo de los 77) sobre cuestiones de desarme. Nuestras posiciones difer¨ªan en algunas cuestiones fundamentales como el Tratado sobre la No Proliferaci¨®n (TNP), las zonas de paz regionales, la carrera de armamentos regional y la carrera de armas convencionales. Votamos de manera diferente sobre las resoluciones relativas a estas cuestiones, pero es destacable que consigui¨¦ramos alcanzar posiciones comunes sobre el resto (el 90%) de las cuestiones de desarme, entre ellas, la mayor parte de las resoluciones relativas a la prevenci¨®n de una guerra nuclear y al desarme nuclear. Uno de nuestros principales logros en la esfera del desarme en aquellos d¨ªas fue la adopci¨®n de un Documento de Consenso sobre la Relaci¨®n entre Desarme y Desarrollo, en una Conferencia de las Naciones Unidas convocada expresamente para debatir este tema. Fui Presidente del Comit¨¦ Preparatorio de dicha Conferencia y, como tal, recay¨® en m¨ª la responsabilidad principal de propiciar el acuerdo para elaborar el Documento de Consenso. Ello fue posible ¨²nicamente con el inquebrantable apoyo del Grupo de los 77 y la colaboraci¨®n constructiva de los principales pa¨ªses occidentales, con excepci¨®n de los Estados Unidos de Am¨¦rica y del Reino Unido de Gran Breta?a e Irlanda del Norte, que boicotearon la Conferencia, as¨ª como del entonces denominado bloque del este.

Tras mi jubilaci¨®n del Servicio Diplom¨¢tico de la India, tuve la oportunidad de contribuir a la causa del Grupo de los 77 a trav¨¦s del Centro del Sur, con sede en Ginebra, bajo la direcci¨®n del Presidente Julius Nyerere, tambi¨¦n conocido como ¡°Mwalimu¡±, el maestro. Mi relaci¨®n con el Centro del Sur comenz¨® con una llamada de Mwalimu en la que me solicitaba que preparara la respuesta del Grupo de los 77 a la propuesta n¨®rdica de reformas en las Naciones Unidas basada en un estudio de varios vol¨²menes sobre las actividades operacionales de las Naciones Unidas. Acept¨¦ de buen grado el reto de preparar la posici¨®n del Grupo y, a tal efecto, el Centro del Sur me pidi¨® que me trasladara a Nueva York y trabajara desde la Secretar¨ªa del Grupo de los 77, ubicada en la Sede Central de las Naciones Unidas. Una an¨¦cdota curiosa relacionada con este encargo fue que los servicios de seguridad de las Naciones Unidas me notificaron que emitir¨ªan un pase para acceder al edificio de las Naciones Unidas ¨²nicamente si pose¨ªa una tarjeta de identidad que indicara que era miembro de la Misi¨®n Permanente del Pakist¨¢n, cuyo Representante Permanente, el Embajador Jamashid Markar, era el Presidente del Grupo de los 77 en aquel momento. La Misi¨®n del Pakist¨¢n me facilit¨® inmediatamente una tarjeta de identidad. El formar parte de la Misi¨®n del Pakist¨¢n ante las Naciones Unidas con el fin de llevar a cabo mi encargo para el Grupo de los 77 era sin duda una sensaci¨®n estimulante.

Prepar¨¦ un proyecto de documento de posici¨®n del Grupo y escuch¨¦ la opini¨®n al respecto de un grupo de distinguidos embajadores, encargados de la formulaci¨®n de pol¨ªticas e intelectuales, tanto de pa¨ªses del norte como del sur, en una reuni¨®n de consulta convocada expresamente a tal fin en Nueva York. El Centro del Sur aprob¨® el documento de posici¨®n en su totalidad y posteriormente este sali¨® a la luz como una de sus publicaciones. Tras ello, prepar¨¦ para el Centro del Sur diversos documentos sobre reformas de las Naciones Unidas en general, as¨ª como sobre integraci¨®n regional, arquitectura financiera internacional, importancia de la Ä¢¹½ÊÓÆµCTAD, etc. Estos documentos sirvieron de base para la elaboraci¨®n de informes sobre pol¨ªticas por parte del Centro del Sur destinados al Grupo de los 77, y algunos de dichos informes fueron enviados como cartas dirigidas por Mwalimu a los Jefes de Gobierno de dicho Grupo.?

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La Cr¨®nica?ONU??no?constituye un registro oficial. Tiene el privilegio de acoger a los altos funcionarios de las Naciones Unidas, as¨ª como a distinguidos colaboradores de fuera del sistema de las Naciones Unidas cuyas opiniones no son necesariamente las de las Naciones Unidas. Del mismo modo, las fronteras y los nombres que se muestran y las designaciones utilizadas en los mapas o en los art¨ªculos no implican necesariamente un apoyo o una aceptaci¨®n por parte de las Naciones Unidas.?