
La Carta ofrece la base normativa para las relaciones de amistad entre los Estados. Junto con los dem¨¢s instrumentos del derecho internacional, la Carta sirve de estructura para las relaciones internacionales. Crea reciprocidad entre los Estados, que son soberanos e iguales entre s¨ª, otorga previsibilidad y legitimidad a las acciones de estos dentro de un sistema multilateral convenido y proporciona un medio para resolver las controversias que surjan. En materia de paz y seguridad revisten particular importancia los principios de la integridad territorial, la no utilizaci¨®n de la amenaza o la fuerza en maneras que no sean acordes con la Carta, y el compromiso de cumplir las obligaciones jur¨ªdicas internacionales.
El Art¨ªculo 33 de la Carta es fundamental para la prevenci¨®n de los conflictos y el arreglo pac¨ªfico de controversias. Las partes en una controversia internacional tienen acceso a diversas medidas y mecanismos para la soluci¨®n de las controversias, entre ellas la negociaci¨®n, la investigaci¨®n, la mediaci¨®n, la conciliaci¨®n, el arbitraje, el arreglo judicial y el recurso a organismos o acuerdos regionales.
Un estado de derecho fuerte, que protege los derechos humanos, contribuye a prevenir y mitigar los delitos violentos y los conflictos, proporcionando procesos leg¨ªtimos para la resoluci¨®n de las reclamaciones y desincentivos para el delito y la violencia. Por el contrario, un crecimiento econ¨®mico d¨¦bil y la desigualdad pueden ser un factor desencadenante del delito y la violencia. En este contexto, resulta pertinente el principio de responsabilidad de proteger, adoptado por la Asamblea General en el . En ¨¦l se resalta la importancia de apoyar al estado de derecho en el plano nacional y a las instituciones de derechos humanos para asegurarse de que los gobiernos dispongan de todos los instrumentos necesarios para cumplir sus obligaciones de proteger a sus poblaciones del genocidio, los cr¨ªmenes de lesa humanidad, los cr¨ªmenes de guerra y la depuraci¨®n ¨¦tnica, y se hace un llamamiento a la comunidad internacional para que apoye esa labor.
En situaciones de conflicto armado, la protecci¨®n de los civiles constituye un asunto prioritario para las Naciones Unidas. Toda actividad relativa a la protecci¨®n, ya sea f¨ªsica, pol¨ªtica o mediante el establecimiento de un entorno protector, debe basarse en el estado de derecho y tiene por objetivo hacer que las leyes aplicables adquieran relevancia pr¨¢ctica en circunstancias dif¨ªciles. El marco de pol¨ªticas aplicable y las obligaciones de los Estados Miembros al respecto son fundamentales en toda la labor de protecci¨®n. Para proteger mejor a los civiles, los Estados Miembros deben adherirse a los tratados internacionales, pertinentes, incorporar sus disposiciones a su legislaci¨®n nacional y establecer instituciones y controles internos que funcionen bien. Igual importancia revisten la educaci¨®n y la informaci¨®n relativas a las normas obligatorias y a las pr¨¢cticas prohibidas, as¨ª como el cumplimiento de las leyes penales en los casos de infracciones graves.
A fin de velar por la seguridad inmediata y afianzar la estabilidad necesaria para la consolidaci¨®n de la paz, es fundamental establecer instituciones del estado de derecho. La existencia de instituciones de justicia y correccionales fuertes, junto con organismos de polic¨ªa y de orden p¨²blico,que rindan cuentas y respeten plenamente los derechos humanos es de la m¨¢xima importancia para restablecer la paz y la seguridad en el per¨ªodo inmediatamente posterior a los conflictos. Esto permite que los autores de delitos sean llevados ante la justicia, favorece la soluci¨®n pac¨ªfica de las controversias y restablece la confianza y la cohesi¨®n social basada en la igualdad de derechos. El establecimiento de esas condiciones es igualmente importante para la paz y la seguridad, as¨ª como para el desarrollo sostenible. A este respecto, las Naciones Unidas reconocen la necesidad de emplear un enfoque amplio, prestando apoyo a toda la cadena de la justicia penal. En el marco de un enfoque amplio para mejorar el estado de derecho y los derechos humanos, resulta fundamental apoyar una labor de reforma del sector de seguridad con un protagonismo nacional.
Algunos de los mayores desaf¨ªos para la paz y la seguridad consisten en delitos que, si bien son cometidos en territorio nacional, trascienden las fronteras de los pa¨ªses y afectan a regiones enteras, y en definitiva, a la comunidad internacional en su conjunto. Se trata de un problema en constante evoluci¨®n respecto al estado de derecho y la protecci¨®n de los derechos humanos, y pone bien de manifiesto los firmes v¨ªnculos existentes con la paz y la seguridad.
El terrorismo genera violencia e inestabilidad, puede limitar la libertad de circulaci¨®n, el acceso al empleo y las oportunidades educativas, degrada la calidad de vida y amenaza los derechos b¨¢sicos de las personas, incluido el derecho a la vida y a la seguridad. El terrorismo representa una amenaza para la seguridad y la estabilidad y puede obstaculizar el desarrollo econ¨®mico y social. En el marco de las Naciones Unidas relativo a actividades espec¨ªficas en materia de terrorismo, se han elaborado 18 instrumentos universales (14 convenciones y 4 protocolos) contra el terrorismo internacional, incluidas las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad. El destaca que las medidas de lucha contra el terrorismo que respetan los derechos humanos contribuyen a prevenir el reclutamiento de personas para cometer actos de terrorismo y que en demasiados casos los abusos de los derechos humanos han contribuido a los agravios que hacen que se opte por el mal camino y se recurra al terrorismo (v¨¦ase
p¨¢rr. 32). Por su parte, en distintas zonas la delincuencia organizada transnacional amenaza la paz y la seguridad y obstaculiza el desarrollo econ¨®mico y social de las sociedades de diversas partes del mundo. La Asamblea General y la
han recalcado las repercusiones negativas de la delincuencia organizada transnacional sobre los derechos humanos y el estado de derecho.