– Como Pronunciado-
INTERVENCI?N DE LA PRESIDENTA DEL 73? PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL, S.E. MARIA FERNANDA ESPINOSA
18 de diciembre de 2018

Se?or António Guterres, Secretario General
Se?ora Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos,
Excelencias,
En primer lugar, quiero agradecer a la delegación de Cuba, que en representación del Movimiento de los Países No Alineados, facilitó la Resolución que ha convocado a esta reunión.
En esta sesión conmemoramos los setenta a?os de una de las más importantes contribuciones de la Asamblea General a la humanidad: la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que es una joya del multilateralismo y prueba irrefutable del impacto de nuestro trabajo en los pueblos y en la vida de cada una de las personas en todo el mundo.
Este histórico documento ha sido el legado de una generación que, luego de haber padecido las tragedias de dos guerras mundiales, comprendió que, y cito, “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen como base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables” de todas las personas.
Destaco el rol de Eleanor Roosevelt, Hansa Mehta, Minerva Bernardino, y tantas otras mujeres visionarias en la construcción de una Declaración más inclusiva e igualitaria. Esa Declaración ha sido inspiradora para la lucha de las miles de millones de mujeres en el mundo, las mujeres indígenas, las mujeres afrodescendientes, las mujeres con discapacidad, las mujeres diversas.
Hoy, evocamos un logro extraordinario que, a pesar del tiempo transcurrido, sigue siendo la base más sólida para promover y defender los derechos humanos, y rendimos tributo a las personas que contribuyeron tan significativamente a que la dignidad humana sea la base de nuestra convivencia en todo el mundo.
Esta es también una oportunidad para celebrar los veinticinco a?os de la Declaración y del Programa de Acción de Viena, que dejó claramente establecido el carácter universal, indivisible, interdependiente e interrelacionado de los derechos humanos, y que, además, creó la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, hoy encabezada por una extraordinaria mujer latinoamericana, Michelle Bachelet.
Excelencias,
Permítanme realizar tres observaciones.
Primero, la Declaración Universal no solo refleja la aspiración colectiva de establecer un orden internacional fundado en la dignidad humana, sino que ha transformado efectivamente el mundo: lo ha hecho mucho mejor.
Sus treinta artículos, contienen ideales y compromisos universales -como el derecho a la vida, la libertad, la justicia, el derecho a la educación, la salud, la vivienda, la alimentación y el trabajo – que han sido fuente de inspiración para casi todos los instrumentos internacionales, y han permitido el desarrollo de los nueve principales tratados de derechos humanos y sus protocolos facultativos.
La Declaración ha marcado, igualmente, la historia de nuestros países. Sus preceptos han sido incorporados progresivamente en los sistemas jurídicos nacionales, asegurando así mecanismos de aplicación. Y, hoy, el respeto de los derechos humanos es una condición indispensable para todo sistema de gobierno y para el cumplimiento de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible.
O incluso, más bien podemos decir que los Objetivos de Desarrollo Sostenible son objetivos para la garantía plena de los derechos humanos.
Esto me lleva a mi segunda observación.
Debemos evitar retrocesos en los acuerdos que ya hemos establecido, y debemos evitar la politización de los derechos humanos.
En tiempo de crisis, de inestabilidad, en el que el sistema internacional que con tanto esfuerzo hemos construido enfrenta múltiples desafíos, estamos llamados -más que nunca- a cumplir con los principios de la Declaración Universal.
Si no la hacemos realidad, si permitimos la restricción o el menoscabo de los derechos humanos, la humanidad podría volver a encontrarse ante el miedo, la división, e inevitablemente, los conflictos. Los mismos fantasmas que hace setenta a?os quisimos desterrar.
Renovemos nuestro compromiso con la Declaración Universal. Es el mejor homenaje que podemos rendirle. Demostremos que el ideal de mayor justicia, equidad y libertad no es una utopía; que los seres humanos somos capaces de convivir pacíficamente; y, que la Declaración sigue tan vigente hoy como cuando fue proclamada en 1948
Excelencias,
Los derechos humanos son para todas las personas. Las interpretaciones selectivas y las que relativizan su vigencia, de acuerdo con intereses geopolíticos o económicos, sientan las bases para debilitarlos y la percepción de que no todas las violaciones o abusos importan o que la lucha por la justicia y la libertad no es igual para todos los pueblos.
Y, mi tercera y última observación es que la lucha por los derechos humanos es permanente, debe ser parte de nuestros esfuerzos diarios. Decidí distribuirles una edición especial de la Declaración Universal para que nos acompa?e siempre en nuestras deliberaciones.
Nos queda mucho por hacer.
Aún millones de seres humanos no son ni libres ni iguales y no han sido liberados del temor y de la miseria: la pobreza, el hambre y la desigualdad continúan afectando a todos los países y regiones; la tortura y la esclavitud moderna no han podido ser erradicadas; el racismo, la discriminación y la exclusión aún forman parte de nuestra realidad; y los derechos de las mujeres y ni?as se siguen vulnerando de manera sistemática.
La Declaración Universal debe seguir guiando nuestros esfuerzos por construir un mundo más pacifico, más igualitario, más humano.
Afortunadamente, el “Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular” que endosará la Asamblea General, el día de ma?ana, muestra que la mayoría de los Estados Miembros mantienen ese compromiso. Y qué mejor día que hoy, 18 de diciembre, Día Internacional del Migrante, para reafirmar que, independientemente de su estatus migratorio, las personas migrantes no pueden ser despojadas de los derechos fundamentales que la Declaración Universal les concede.
Excelencias,
La comunidad internacional no puede olvidar el camino que recorrió para alcanzar la Declaración Universal.
Uno de los enunciados de su preámbulo, nos llama a tener presente que “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos estuvieron en el origen de actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”.
El multilateralismo necesita más que nunca volver a sus raíces, alimentarse de las aspiraciones y los ideales de esos hombres y mujeres que, superando sus diferencias, trabajaron para legar a las generaciones futuras: esperanza. Esperanza de alcanzar un mundo en el que las guerras se puedan evitar y, en el que el valor de la vida se respete por encima de cualquier otra consideración material o geopolítica.
Renovemos nuestro compromiso con la Declaración Universal. Es el mejor homenaje que podemos rendirle. Demostremos que el ideal de mayor justicia, equidad y libertad no es una utopía; que los seres humanos somos capaces de convivir pacíficamente; y, que la Declaración sigue tan vigente hoy como cuando fue proclamada en 1948.
Muchas gracias.
Hacer que las Naciones Unidas sean relevantes para todas las personas